martes, 23 de febrero de 2010

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EL FANTASMA DE CANTERVILLE

1.- ¿Quiénes son los personajes principales? El ministro de los Estados Unidos Iram B. Otis. Lord Canterville, y el propio fantasma. 2.- ¿Por qué nadie quería vivir en el castillo de Canterville? Por el accidente que sufrió la Duquesa viuda de Bolton con el fantasma. 3.- ¿En qué país se encuentra el castillo? Es en Inglaterra. 4.- ¿De qué país era originario la familia Otis? De Estados Unidos. Él era el ministro de ese país. La familia Otis se muda a Inglaterra y adquieren una magnífica residencia, el Castillo de Canterville. Fueron advertidos de que en el castillo deambulaba un malvado fantasma. Míster Otis, pragmático, no creía en espíritus aparecidos. La familia Otis es recibida por la vieja ama de llaves, quien recuerda que cada aparición fantasmal sucedía poco antes de alguna muerte. El primer hallazgo extraño fue una mancha en el piso del salón de lectura, formada por la sangre de la asesinada lady Canterville. El asesinato –a manos de su esposo lord Canterville- había sucedido hacía más de tres siglos. Años después del asesinato, el lord había desaparecido sin dejar rastros. Era su fantasma el que aparecía. A cada intento de quitar la mancha, ésta reaparecía. El hijo mayor, con detergentes y quitamanchas, se arrodilló a vencer el lamparón, y un relámpago y un trueno iluminaron y retumbaron en el castillo. La mancha de sangre volvía, una y otra vez. La familia Otis comenzaba a convencerse de que algo “psíquico” ocurría. Una madrugada, ruidos de cadenas despiertan a míster Otis. Yendo a ver qué sucedía, se cruzó en el pasillo con un espectro encadenado y, como si lo conociera, le ofreció lubricante para las cadenas. Inmediatamente, los hijos mellizos iniciaron un furibundo ataque de almohadas contra la aparición. Esto enfureció al fantasma quien, durante trescientos años, había sabido provocar pánico, ataques de locura y muertes. El segundo intento también fracasó. A míster Otis se le ocurrió ofrecerle medicinas para sus dolencias. El fantasma estaba agobiado. Cuidadosamente, planeó una nueva incursión, qué atuendo usaría y qué le haría a cada miembro de la familia. Pero un espectro espeluznante lo estremeció a él y lo hizo huir. Era una calabaza calada, con una vela dentro. El fantasma, temeroso, comenzó a deambular sin hacer tanto ruido, pero una y otra vez caía en las trampas que le preparaban, que resquebrajaban su voluntad y su dignidad espectral. Por un tiempo, desapareció. Creyendo todos que había desaparecido, hicieron saber la noticia. Mas el fantasma estaba reponiendo fuerzas y acumulando venganza, pero había perdido algo de su arte y habilidades. Eso sucedió cuando Virginia, la niña de la familia, lo descubrió melancólico en un salón. Ella comenzó tranquilamente a conversar con él. Tanta confianza le brindó, que el fantasma le confesó sus penurias, su hambre, sus siglos sin dormir, el cansancio y sus deseos de morir definitivamente, de encontrar la paz y morir. La niña, compadecida, ofreció sus lágrimas y sus oraciones para liberarlo de sus pecados. Para lograrlo, debería ir con él a la dimensión donde viven los espíritus. Juntos, de la mano, atravesaron el umbral. Al notar su ausencia y creyéndola perdida en el bosque o raptada por los gitanos, todos buscaron a la niña. No había rastros. En medio de la tristeza y la congoja, cuando a la medianoche el reloj comenzó con sus campanadas y ante la atónita mirada de todos, Virginia emergió de la pared, llevando en las manos una antigua cajita con joyas. Luego del alboroto que produjo su aparición, contó su extraño “viaje”. Había ayudado al fantasma a arrepentirse de su maldad y a morir definitivamente. A través de un secreto y oscuro pasadizo, la niña los guió hasta donde yacía el cadáver, un esqueleto encadenado hacía tres siglos. El cortejo fúnebre, escoltado por caballos negros y antorchas, inició su marcha cerca de la medianoche. Llevaban al antiguo difunto a su última morada. Luego de algunos años, Virginia lució en su casamiento las joyas que el fantasma le regalara. Pero nunca nadie supo que sucedió realmente en su viaje al “más allá”:

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